La transparencia en sueldos de altos cargos: el riesgo de quedarse a medias

El reciente ciclo electoral en España está generando bastantes noticias. En el plano de los altos cargos, con tanta renovación municipal y con la toma de posesión de nuevos altos cargos hemos tenido la actualidad bien servida. El salario nuevo de los plenos y los equipos de gobierno, la declaración de bienes de diputados y altos cargos, las consultas de incompatibilidades… toda una colección de noticias que dan lugar a bastantes debates, controversias y posicionamientos siempre partiendo de un principio: saber lo que tienen, hacen y lo que ganan para evitar abusos, robos y corruptelas. Pero ¿es la mejor opción? ¿funciona o está haciendo el caldo gordo a opciones populistas? Hagamos una breve recopilación sobre la transparencia en sueldos y en todo lo demás.

Livia, mujer de Octavio Augusto, siendo honesta porque es lo que exige el cargo
Livia, la mujer del César, pareciendo honesta (y siéndolo, suponemos). Fuente

La función de fiscalizadora transparencia de los altos cargos

Como todos sabemos España es un país que en su historia reciente se ha visto azotada por múltiples escándalos de corrupción. La coincidencia temporal entre estos casos con las medidas de ajuste presupuestario puso en primera línea la transparencia de la acción pública y, dentro de ella, en un lugar especial, todo lo referente a patrimonio y retribuciones de altos cargos. El razonamiento es básicamente sencillo: si obligamos al César a desnudarse, conoceremos sus miserias. O, mejor dicho, si sabemos lo que tienen, sabemos qué es lo que no deben hacer y podremos evitar que roben.

En este caso, creo que la presentación de la declaración de patrimonio tiene unas limitaciones importantes en lo que se refiere al control efectivo. En verdad, uno de los temas más consultados es, precisamente esa declaración de bienes. La sociedad civil (es decir, la prensa y nuevos modelos de comunicación digital) le dan mucho eco y visibilidad. Sin embargo, creo que gran parte de los condenados efectivamente por corrupción habrían pasado este nivel de control porque posiblemente teman más a la fiscalía y a la Unidad de Delitos Fiscales que a la opinión pública (que además tiene menos medios).

En todo caso, si que creo que hay un papel útil acerca de la fiscalización y las incompatibilidades de los responsables políticos. Ocultar parte de los bienes, o el régimen en el que se encuentran, puedan dar lugar a una falsedad de documento público. En determinadas circunstancias esto puede arrastrar a sus titulares a la dimisión (no siempre, y en el último año hemos tenido de todo).

Transparencia en sueldos y control político de altos cargos

Un segundo elemento es el control político de los altos cargos. Es decir, si entendemos que la fiscalización limita las acciones desde el punto de vista delictivo, tenemos un nivel de control más político. En este plano no hablamos del cumplimiento de la ley, sino de los márgenes del ejercicio legítimo de la acción política. Hay dos o tres elementos estrella.

  • Las retribuciones de los electos. Es decir, lo que cobran (dentro de la ley) y su capacidad discrecional para fijarlo
  • Los derechos relacionados con el trabajo pero que no son directamente sueldo (gastos de viaje, alojamiento, etc) también polémicos tanto por su importe (el dinero que reciben por ellos y el gasto que supone) o su propia legitimidad (ayudas al alquiler cuando hay vivienda en propiedad)
  • Los elementos necesarios para hacer el trabajo. Aquí tenemos cuestiones como teléfonos o equipamiento informático (por no hablar de coches oficiales). En términos generales es más fácil encontrar a gente negando la proporcionalidad del recurso y la tarea, que hablando sobre la necesidad real o no del aparataje. Es fácil encontrar artículos que hablan de lo innecesario de dotar a los diputados con iPads pro sin entrar en el detalle de las tareas que pueden requerirlo.

En este caso, creo que estos debates son especialmente habituales en momentos puntuales como inicios de mandato o nuevos concursos públicos. En cierto modo, esto da lugar a picos de tensión (en mi opinión) y a posicionamientos políticos que tienen más complejidad de la que puede parecer, como por ejemplo, suprimir la retribución a los diputados autonómicos.

No me meto aquí en lo idóneo o no de que la tengan, sino a que el impacto real en el sistema político es lo bastante profundo como para simplificarlo a una cifra monetaria.

Transparencia en sueldos y control simbólico de los altos cargos

El tercer nivel tiene algo menos de intensidad punitiva y correctiva, pero creo que es también importante (quizá el más importante en este momento), es el simbólico. Como hemos señalado, conocer las rentas e ingresos de los diputados y cargos electos puede no ser la manera más eficaz para limitar ni la corrupción, ni las retribuciones polémicas. Sin embargo, este aire de caja transparente en la que se puede conocer la situación económica de personas con poder es algo que puede generar una sensación de igualdad. En este sentido, sí tiene valor, por ejemplo, la disponibilidad de copias en pdf de extractos bancarios o declaraciones tributarias.

En la actualidad, posiblemente la imagen de los políticos no sea especialmente buena, pero es muy probable que la desconfianza en estos temas sea menor.  Es decir, es probable que el problema esté en otros temas y, quizá, sean más importantes que la duda acerca de las acciones o propiedades inmobiliarias de sus señorías.

Limitaciones de la transparencia en sueldos de los altos cargos

Quizá el problema de la transparencia en las retribuciones y propiedades de los cargos electos no es tanto el modelo, como todo lo que lo rodea.

  • Expectativas inadecuadas. Tenemos mecanismos eficaces en el nivel simbólico y muy limitados (por la complejidad de una democracia representativa) del control político. Sin embargo, donde más duele, la fiscalización, se queda muy por detrás del alcance necesario para ser eficaz contra la corrupción
  • Problemas de contextualización. Creo que en la mayoría de los casos la información que se presenta no es especialmente buena, no está muy bien contextualizada. A mi me cuesta mucho saber si una persona tiene demasiado dinero, si gana más de lo que debe o si necesita un modelo u otro de ordenador. Creo que la facilidad del debate en el detalle dificulta una visión amplia y contextualizada de lo que significa. Aspectos como el sueldo comparado con las horas de trabajo, o la carga de gestión, o el presupuesto que controlan… o la explicación del parque tecnológico, son elementos que pueden aportar luz para saber si es mucho o poco. Eso si, posiblemente es menos jugoso. Saber en dónde tiene una segunda vivienda un diputado o un ministro puede ser extremadamente jugoso, pero en términos de control efectivo es relativamente débil. Hay que trabajar en la Visibilización y en convertir la anécdota en información.
  • Problemas de adscripción política. Quizá el punto más conflictivo es que el sistema se ha convertido más en un arma arrojadiza que en un elemento de virtud política. Nos encontramos con casos en los que la paja en el ojo ajeno es la vara de medición generalizada. De esta manera, tener como residencia un chalet o una hipoteca en determinadas condiciones es más o menos sospechoso y reprochable según la afinidad política, por lo menos, de los medios que informan sobre el hecho.

En su conjunto podríamos decir que tenemos un modelo que ha conseguido algunas cosas, pero que, si no se mejora y se profundiza, puede desestabilizar más que afianzar el sistema político.

Mirando al futuro

Asumamos que la curiosidad es un impulsor importante en el comportamiento humano: cualquiera que lea noticias en internet sabe a lo que me refiero.

También lo es fijarse en detalles concretos e identificables, perder la atención cuando los problemas son complejos y ser más tolerante con quien mejor nos cae.

Es decir, es nuestra naturaleza humana la que hace que el sistema tenga que trabajar hacia una información más relevante, contextual, comparable y comprensible. Es hacia ese modelo hacia el que se tiene que trabajar, y para ello, es mejor ir probando nuevas ideas y planes que seguir complaciéndonos (también somos humanos) en los detalles puntuales que nos llamen la atención.

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