Funcionarios de Habilitación Nacional: Dr Jekill y Mr. Hyde

Sara Hernandez Ibabe es funcionaria de habilitación nacional (imaginad si se trata de Jekill o Hyde). Es tesorera de la Diputación Provincial de Huelva y lleva la oficina de Gestión del Cambio del mismo organismo. Es una hiperactiva e hipermotivada innovadora de la cosa pública. 

Después de unas cuantas transformaciones a Hyde, y viceversa, Jekyll se acostumbró a realizar regularmente la metamorfosis con el fin de poder entregarse a placeres antisociales prohibidos, que nunca se permitiría en la persona de Jekyll. Sin embargo, su parte maléfica se fue haciendo más y más fuerte, rebasando la capacidad de Jekyll para controlarla, necesitando el uso del antídoto para recuperar su forma original…

Daguerrotipo de Richard Mansfield caracterizado del Dr. Jekill y Mr. Hyde.
Funcionario de Habilitación Nacional teniendo un mal lunes. Fuente.

Reconozco que siendo yo misma funcionaria de habilitación nacional, empezar hablando así de un colectivo del que me siento profundamente orgullosa, puede llamar a equívoco, pero la realidad es que en ocasiones muchos de nosotros sufrimos algo parecido a esa metamorfosis de la que nos hablaba Robert Louise Stevenson a través de este personaje tan conocido.

La doble vida del FHN.

Los FHN somos una rara avis en el panorama de empleados públicos. Nuestra selección corre a cargo del Estado, y formalmente somos funcionarios del Ministerio de Administraciones Públicas, sin embargo prestamos nuestros servicios en Ayuntamientos y Diputaciones (con carácter general), somos pagados por ellos y pasamos a formar parte de su estructura, siendo una especie de “asuntos internos o espías rusos” dentro de nuestras propias organizaciones.

Y, ¿qué tiene esto de peculiar? Pues os lo explico. ¿Os imagináis convivir con alguien que se dedique a fiscalizar vuestros actos (jurídicos y económicos), y que además os tengáis que llevar bien con el/ella por pura superviviencia? Bueno pues quizá, ahí, esté la clave de la pócima secreta que tenemos que tomar para no pasar demasiado rato siendo Mr. Hyde, y sin volvernos locos siendo el ejemplar Dr. Jekyll.

Los FHN somos de alguna manera el perfecto Dr. Jekill, controlamos, supervisamos, certificamos, velamos por la seguridad jurídica y económica, informamos cuando procede, fiscalizamos, damos fe pública (si es que eso logra sobrevivir tal cual)….. y todo ello conforme al dictado de la ley sin movernos un ápice.

 Mucho más que ordenar el patio

Pero, y ¿qué pasa con todas aquellas “funciones no reservadas” que implican tomar algo de pócima?, ¿Esas funciones que implican salir de alguna manera de ese papel que nos ha sido asignado, para transformarnos bien en un ciudadano preocupado por sus asuntos, bien en un compañero no jurista que intenta resolver un asunto de una forma innovadora para la cual no existe procedimiento administrativo, o bien en un proveedor de servicios externos que propone el uso herramientas hasta ahora desconocidas por lo público?

Es en estos casos y en otros muchos cuando hablamos de funciones directivas, de administración electrónica, de estrategia, de transversalidad, multidisciplinariedad, de gestión del talento, del uso de redes sociales, y cómo no, de innovación pública (esto ya es hasta peligroso), cuando en alguno de nosotros se produce esa metamorfosis y nos convertimos en auténticos Mr. Hyde!

Es en estos casos cuando el tenor literal de la ley, el siempre se ha hecho así, la inseguridad jurídica, la falta de confianza en la herramienta, la falta de nuevos conocimientos y o habilidades, así como otras muchas cosas más, se convierten en las mejores armas para impedir que determinadas cosas sucedan.

Es entonces cuando, bajo los efectos de la poción, desplegamos nuestro lado más oscuro impidiendo todo atisbo de modernización, de innovación o de cualquier otra disciplina que no forme parte de nuestras funciones reservadas y se ajuste al más estricto de los principios jurídicos.

 La colera de Hyde.

Lamentablemente esto no es un hecho aislado, sino que se produce en muchas Entidades Locales, en las que la figura del habilitado nacional es clave para abordar la necesaria transformación de esa administración. Digamos que el habilitado es la figura de referencia, en muchos casos el único empleado público que tiene conocimientos en muchas materias indispensables para el día a día en estas administraciones. Digamos que somos algo así como una caja de herramientas bastante completa para desempeñar nuestras funciones en nuestro ámbito.

Lo que ocurre es que desde hace un tiempo tengo la sensación de que esa caja de herramientas se ha quedado un tanto obsoleta, y nos empeñamos en seguir utilizando la llave inglesa y el destornillador de estrella para todo, cuando no nos hemos dado cuenta que la realidad cambiante en la que nos movemos, requiere incorporar nuevas herramientas que otros ya están usando.

Y es aquí cuando de nuevo sale al acecho el temible Mr. Hyde, buscando la víctima propiciatoria para dejar claro quién es quién.

 El funcionario que buscaba mejorar las cosas.

Sin embargo, hay habilitados nacionales que se mantienen alejados de la pócima que procura su metamorfosis, siendo fieles a la figura del buen Dr. Jekill. Es en estos casos cuando conjugan sus conocimientos en temas jurídicos, de personal, de urbanismo, patrimonio, economía, finanzas, recaudación y muchos temas más, y abren sus cajas de herramientas para que sean otros quienes las completen con las suyas propias, y entonces se dan cuenta de que ocupan un puesto privilegiado para liderar de forma natural todos los movimientos de cambio necesarios para pasar de estar en una administración absolutamente weberiana, a una administración abierta, moderna, digital, y por qué no, innovadora también.

Es entonces cuando te sientes profundamente orgulloso de poder desplegar conocimientos, actitudes, aptitudes y habilidades adquiridas o por adquirir, y crear equipo para que todos toquen al ritmo de la misma música.

Hay algunas cosas que requieren cero talento, y entiendo que entre nuestras funciones reservadas, sí, he dicho reservadas, debería estar potenciarlas al servicio de lo público.

Y ¿cuáles son esas cosas que no requieren talento, sino algo más profundo?, pues se me ocurren unas cuantas: ética laboral, esfuerzo, energía, buena actitud, aceptar que te enseñen, hacer siempre un poco más, enseñar con el ejemplo, estar preparado para el cambio, asumir los errores, vocación de servicio público y por encima de todo, PASIÓN por lo que haces.

En realidad no se necesita ser FHN para desplegar todo esto, pero sí además lo eres, siéntete dotado de superpoderes. En este caso no es la poción que nos convierte en Mr. Hyde la que nos los proporciona, sino es el convencimiento de que el Dr. Jekill es el camino para liberar a ese otro yo, pero en este caso al líder, al facilitador, al compañero de batalla, al empleado sencillo y humilde al que le importan que las cosas sucedan, por encima de los éxitos personales.

¿Te animas a dejar la pócima y le damos una oportunidad más al Dr. Jekill?

¡Seguro que tu organización te lo agradecerá!

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2 Comentarios

  1. Propuesta llena de buenas intenciones, pero que para su desarrollo requiere de dos elementos que raras veces se dan:
    1. Respeto de los cargos electos por los FHN, por su trabajo, sus capacidades, sus conocimientos y por su capacidad para asumir roles directivos y/o gerenciales.
    2. Reconocimiento de las aportaciones, iniciativas, innovaciones realizadas, de la asunción de nuevas tareas y proyectos que exceden de nuestro cometido o descripción de tareas y responsabilidades.

    Mi experiencia es que la extraña situación que se produce con los políticos en el ámbito local donde muchos llegan sin experiencia profesional a nivel directivo o gerencial, con buena voluntad pero sin conocimientos de la administración local, con pobres trayectorias profesionales previas y carencias en formación, con un mandato limitado en el tiempo que les obliga a pensar en el corto plazo, y que de repente se encuentran al mando de una organización con cientos de trabajadores, unido en ocasiones a cierta soberbia y desconfianza, produce inevitables conflictos con los empleados públicos, particularmente con aquellos que ostentan mayor poder y responsabilidades, aquellos que pueden aportar más, aquellos que piensan en el largo plazo, aquellso que pueden se más innovadores, ser intraemprendedores…y en muchas ocasiones acaba matando el espíritu del Dr. Jekyll que llevamos dentro.

  2. Totalmente de acuerdo en lo que planteas, para eso no nos preparaban en el curso selectivo, era una regla del juego que nadie mencionó…
    No obstante y aunque lo sé por experiencia propia lo difícil que es lidiar con esa situación, hay que buscar el camino, la ventana de oportunidad que te permita crecer como Jekyll.
    Hay que procurar fomentar esos espacios compartidos en los que ganarte la confianza del político sea más fácil a través de la consecución de objetivos, que sin visión a largo plazo, capacidad de liderazgo y amplios conocimiento de lo local serían muy difíciles de alcanzar.
    Creo que parte de nuestra misión también consiste en demostrarles que todas las mejoras tienen un rédito político y que la era de “pan y circo” para los ciudadanos ya ha pasado.
    Una buena gestión pública, aderezada con elementos de innovación puede ser muy ventajosa para un mandatario politico.

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