Consulting the Oracle 1884 John William Waterhouse 1849-1917 Presented by Sir Henry Tate 1894
El típico portal de transparencia que presenta información que no sabes si es cierta, no entiende muy bien y no sabes cómo explicar a tus amigos. Vamos, lo normal. Fuente.

El otro día oi un chiste que decía “comprobado: cuando tomo somniferos el niño no llora”. Este chascarrillo se parece mucho a la evolución del gobierno abierto en España. Me puedo imaginar múltiples instituciones diciendo: comprobado, el gobierno es abierto si pongo cosas en internet. Tan absurdo y mezquino es el chiste como esta realidad. Lo cierto es que, a diferencia de muchos de mis “coetaneos” no creo que haya tanta mala fe como desconocimiento. Es realmente muy difícil conseguir que algo que llevamos haciendo poco tiempo salga bien a la primera. Bien es cierto que me puedo imaginar que para muchos no sea una urgencia, pero creo que sabiendo lo que hace falta, tendríamos más gobiernos transparentes. Así que Analítica Pública, en su voluntad de servicio público os cuenta 9 requisitos de la información para el gobierno abierto. Además, esto servirá para explicar los típicos errores y problemas que encuentra uno en estos casos.

Premisas de la información pública

Antes de meternos en harina, hablemos de lo que necesita la información pública para hacer el gobierno abierto. Puede parecer una perogrullada, pero necesitamos conocer los objetivos. ¿Qué pretendemos que logre la gente con la información pública? Yo diría que, en términos generales, se trata de entender lo que hacen los poderes públicos para poder tomar decisiones informadas en la esfera pública. En términos generales, esto requiere:

  • Saber lo que ocurre. Es decir, tener una idea precisa, completa y exacta de lo que se hace.
  • Entender lo que significa. Esto es, tener capacidad de discernir el contenido de esa información. A mi, por ejemplo, me pueden decir que X compañías han abandonado los procedimientos de contratación de un ayuntamiento si no sé lo que significa eso.
  • Valorar sus implicaciones. El siguiente elemento importante es la capacidad de valorar. Por ejemplo, yo puedo tener una idea de que un millon de euros por la web del ayuntamiento de Madrid es mucho, pero en realidad es un apriorismo. Si puedo de algun modo saber que el gasto es mucho, poco o adecuado si no puedo compararlo con otros similares, y si no puedo ver sus resultados.

Añadiría un punto más, y es la capacidad de reelaborar. Uno de los paradigmas que ha crecido con Internet es el papel de la sociedad civil para impulsar la transparencia. De esta manera entendemos que esa información se puede reenfocar para generar respuestas que al propio sector público no se le ocurriría. Esto hace que, para explotar este modelo, es necesario que la información sea operable.

Así que vamos a ver qué atributos necesita la información pública para cumplir estos objetivos.

Requisitos de información correcta.

Lo primero a tener en cuenta es que lo que se informa sea correcto. Esto parece sencillo pero no lo es, porque lo correcto tiens diversos componentes.

Precisión

Lo primero que necesitamos es la precisión, que es lo que normalmente entendemos como correcto.Necesitamos que la información refleje lo que realmente ocurre. Para ello necesitamos describir exactamente a que nos referimos y asignarle el valor correcto. Digo esto porque es relativamente frecuente decir, por ejemplo, que en España hay muchos cargos “políticos”. Recuerdo en su día que se decía 400.000 (un 1% de la población, un pasote). Pues bien esto no es preciso, porque incluye al personal eventual, de confianza y de libre designación. Dicho de otro modo, podríamos poner como “político” tanto al Ministro del Interior, como al Subdirecto General de Informática de un ente público que al cocinero del presidente.

La desviación normal de la información precisa es la imprecisión. Esta puede ser porque el dato sea incorrecto, o que sea un referente vago (que no queda claro). En el caso del sector público esta capacidad es algo más limitada si vamos a “los datos” o documentos, pero la ambigüedad es un elemento muy presente en declaraciones y comparecencia.

Plenitud

La segunda dimensión es la plenitud de la información. Debe ser precisa, y además debe de dar toda la información sobre el fenómeno del que se habla. Por ejemplo, si hablamos de la evolución del empleo en España decir la subida o bajada de personas en el paro pueden ser una información precisa, pero incompleta. Necesitaríamos saber cuanta gente hay trabajando, cuantas personas han circulado por el paro a lo largo del periodo vigente y demás. La plenitud de la información, por lo tanto, supone dar toda la información sobre un fenómeno. Aquí la cuestión está en definir cuál es el fenómeno del que hablamos (si la información que refleja la calidad del sistema educativo es el gasto, el número de alumnos, las notas de PISA o el índice de abandono. A veces es más fácil.

El problema más habitual es la información incompleta. Generalmente estamos en el punto en el que definir la información completa (o generarla) es complicada. Por ejemplo, los contratos menores no se han contemplado como parte de la información activa sobre contratación hasta hace poco por lo costoso que sería crearlo.

Vigencia.

El último elemento que tenemos es la vigencia. La información que tenemos es válida en la actualidad, o, mejor dicho, es LA valida en la actualidad. Esto supone entender cuando hay variaciones sustanciales en la realidad que pretendemos reflejar como para capturar esa información de nuevo. Es una de las cuestiones más habituales, portales o webs que dejan la información arrinconada en 2016 sin más novedades. Es información que puede ser precisa y que puede ser completa, pero no está actualizada.

La información que no es vigente suele considerarse desactualizada o anticuada. La falta de esta información hace que no sepamos lo que está pasando realmente. Imaginemos, por ejemplo, que se deja de publicar información sobre el presupuesto ejecutado un año porque los presupuestos están prorrogados… no podríamos saber si el gobierno gasta o no el dinero comprometido (aunque no lo hubiera comprometido él).

Requisitos de información útil.

Una vez que tenemos información que refleja la realidad, necesitamos saber lo que significa. Para ello necesitamos tres características

Claridad

La claridad es un elemento básico para la utilidad de la información. Podemos tener información real, pero no entender que es lo que significa. Esto lo aporta la claridad. Se trata de la manera en la que se presenta la información para que sea entendible para el público. En principio hay que considerar que no hay una “claridad universal”, sino que depende del público al que nos dirigimos. La claridad con la que se le cuenta a una persona con conocimiento del sector público un presupuesto no es la misma que la que preciso yo. Esto significa que antes de escribir información pública hay que pensar quién la va a leer y qué necesita para entenderla. En segundo lugar hay que considerar que la claridad tiene un problema con la precisión, dado que a veces es difícil primar una sin renunciar a la otra. Por ejemplo, en el caso de los “políticos” que decíamos antes, es difícil explicar a profanos de manera clara la diferencia entre personal eventual y personal de libre designación, por poner un ejemplo.

La disfunción sobre la claridad es la confusión o la complejidad (no es lo mismo, pero se parecen). Es relativamente fácil encontrar portales de transparencia que presentan información no muy clara para la mayoría del público. La principal cuestión es, en realidad, hacer un continuo de complejidad que permita a la gente avanzar desde los aspectos más básicos a aquellos más complejos según sus intereses y necesidades.

Contexto

El contexto nos explica la importancia y criticidad de la información en el conjunto de la realidad. Es decir, facilitar la comparación con otros elementos similares (otras organizaciones, otros proyectos, etc), en el conjunto de la organización y en el tiempo. El contexto es crítico porque la mayoría de la gente no tiene ni idea de los valores absoluto de lo público (lógicamente). Por ejemplo, yo no tengo ni idea de si 1 millon de euros en una web es mucho o es poco. En este sentido, necesitaría saber cuánto supone del presupuesto de la organización, así como otros proyectos similares.

Lo contrario al contexto es la información absoluta o no comparable. Si decimos que este año vamos a gastar 10.000.000 de euros en becas no puedo saber si hay una apuesta por la educación. Sabré más si puedo ver cuanto ha crecido o decrecido, y si se gasta igual en otras administraciones.

Relevancia

La relevancia es un elemento que va un poco más allá del contexto. Se trata de poder valorar lo que significa en el total de la organización y las repercusiones que tiene. Por ejemplo, si tenemos una información sobre el gasto educativo, yo no puedo saber si realmente el gobierno está implicado en él si no lo comparo con el resto de gasto en términos.

Una información puede comprenderse, y puede estar contextualizada, pero puede ser por completo irrelevante, o bien por su naturaleza, o bien porque yo no puedo entender lo que significa. Por ejemplo, a mi me pueden decir que se ha ahorrado mucho en una administración, un 10% más, pero yo no puedo saber (si no me lo cuentan) si esto es el éxito de una gran gestión o el fracaso de un presupuesto no ejecutado. El dato en si mismo es irrelevante para mi como persona. Normalmente la relevancia requiere varios componentes para dar una perspectiva completa y significativa de lo que pasa porque bueno, la realidad es compleja.

Potencial de la información

Por último tenemos la capacidad de la información de ser procesada por terceros. Como decíamos, esto es un aspecto que se entiende importante en la mayoría de iniciativas de gobierno abierto.El paradigma es dejar las cosas lo bastante bien para que la generación de valor y difusión de información dependa de la sociedad civil. Para ello, la información requiere las siguientes cuestiones.

Operabilidad

El primer requisito es la operabilidad, es decir, la capacidad de poder coger esa información y usarla más allá de la lectura. Este es un escollo típico por la tendencia hacia gráficas y pdfs, con su variante mortal, el pdf escaneado. En este caso la sociedad civil (sea quien sea) tendrá que pasar horas tabulando datos. Encima, normalmente, el resultado suele dar lugar a imprecisiones. Es lo que pasa con los gráficos que suelen redondear cifras. Una información operable es aquella con la que podemos generar información derivada distinta. Será más operable cuanto menos tiempo nos lleva.

Como desviación lo llamaría esteril. En términos generales se trata de información que difícilmente puede generar información nueva. Lo más que sabremos es lo que nos cuente esa información. Será difícil averiguar algo nuevo a partir de ella.

Granularidad

La granularidad es un complemento de la operabilidad. Significa que la información está lo bastante desagregada como para poder generar diferentes asociaciones. No es lo mismo que te llegue la información reutilizable en un excel agrupada por meses que agrupada por días (por poner un ejemplo). La capacidad de extraer esa información es mayor cuanto más granular sea esta.

Lo contrario de la granularidad es la agregación. Información presentada a mayor escala, impide que podamos ver el detalle directamente.

Estandarización

El último nivel es la estandarización que va encaminada a facilitar la comparación. La estandarización hace que los datos tengan la misma naturaleza y presentación a lo largo del tiempo y de las organizaciones. Esto es lo que facilita comparar entre periodos y actores. Esta estandarización es la que permite, a su vez, hacer nuevos enfoques sobre los mismos datos. Cuando los datos están estandarizados y son precisos y correctos tenemos la consistencia. Es decir, que podemos tener una visión a lo largo de diferentes escenarios con cierta fiabilidad.

Lo contrario a la estandarización sería la fragmentación o atomización de datos. En términos reales la manera diferenciada de presentar datos impide esta comparación. Si por ejemplo una web mide su tráfico en usuarios y otra en sesiones (y esto pasa por algún motivo en los portales de transparencia), no hay manera de hacer comparaciones efectivas.

Diagrama que recoge los 9 componentes de la información pública relatada en este artículo.

En resumen

La publicación de información es solo un elemento inicial para el gobierno abierto. Más allá de las políticas de promoción, la información debe tener ciertos atributos. Debe permitir garantizar que lo que refleja sea cierto, que sea comprensible y que permita entender lo que significa y que otras organizaciones busquen sus respuestas.

Evidentemente, esto es un entorno de máximos. Normalmente, cuando hablamos de los dos primeros componentes, hablamos de transparencia efectiva. En cuanto al tercero, entra más en el campo de los datos abiertos. Como dice Alorza, si partimos de los datos llegaremos a ser transparente. Sin embarggo, también es cierto que las organizaciones raramente empiezan desde cero y tienen muchísima información no preparada todavía para llegar al nivel potencial. Es por ello que, sin renunciar estratégicamente a este último nivel, es conveniente trabajar lo que hay en los dos primeros parámetros.

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