¿Por qué el Minimo Producto Viable no vale para los servicios públicos?

La verdad es que cuando una persona se hace con una metodología la vida se hace más sencilla. Te enfrentas a un problema y siguiendo unos cómodos pasos, igual que ocurre con las estanterías del Ikea, vas poniendo pieza a pieza hasta terminarlo. Esta cotidianeidad tan práctica nos lleva a perder un poco la perspectiva y la mirada crítica sobre conceptos que manejamos. Tras trabajar años con metodologías lean y abrazar el concepto de minimo producto viable (MPV), me dio por pensar que quizá, en el tema público no sea un término muy adecado. ¿Por qué? Os lo cuento aquí.

El arca de Noe de Simon de Myle ilustra este post sobre el Minimo Producto Vable
El arca de Noe como mínimo Producto Viable… si no flota, no importa. Fuente

El concepto de Minimo Producto Viable en el lean

El MPV es la piedar angular de la metodología lean. Se trata del primer punto de contacto de una idea con la realidad para empezar a crecer y mejorar. En términos prácticos podemos dividirlo en dos componentes.

Es a partir del MPV que podemos lograr dos cosas:

  • Tener retroalimentación para iterar mejoras en un mercado con datos reales
  • Obtener ingresos para financiar (al menos parcialmente) las iteraciones

Minimo Producto

El mínimo producto es el elemento sustantivo de la ecuación. Se trata de una unidad que se pone a disposición del público y que es completa pero en sus componentes más pequeños. Es decir, es lo más pequeño que puedes ofrecer al público y que tenga sentido.

Esto requiere por un lado que lo que se saca al público tenga una entidad completa. Este es un problema común en el caso de los servicios públicos digitales: la eadministración se ha sustentado a través de sacar servicios incompletos. ¿Por qué decimos eso? Porque un servicio permite recibir una utilidad, es decir, algo concreto a lo que aplicas una finalidad. Por ejemplo, si alguien quiere una plaza de guardería, el MPV del servicio digital sería, al menos facilitar la matriculación. Pues bien, nos hemos pasado una veintena de años haciendo cosas que la rodean (certificados de padrón, de impuestos, autorizaciones de control de datos, etc…) y no en lo concreto que puede ser la propia matrícula. Que el servicio completo es lo que aporta valor al público interno y externo, lo que permite aporta dividendos digitales.

Por otro lado, el tamaño importa. La idea de que sea “mínimo” permite salir pronto y, además, tener claro cual es el núcleo del servicio. En el caso de las Administraciones tenemos también desviaciones importantes. Por ejemplo, proyectos míticos (que no han arrancado) como el registro de apoderamientos, el registro único o la carpeta ciudadana se alejan mucho de este “mínimo”, por lo que han tardado años en estar en marcha y la gente no tiene muy clara su utilidad.

La viabilidad

La viabilidad juega un papel adjetivo pero importante. Que un proyecto sea viable, garantiza dos cuestiones:

  • La suficiencia. El servicio puede existir por si mismo, no necesita otros elementos para funcionar.
  • Su continuidad. Hacer un producto viable hace que a la hora de crearlo sepamos que los recursos que suponen no van a hacer imposible soportar su existencia.

Es decir, para lanzar un servicio necesitamos tener claro de qué va, poder sacar su versión más simple y que esta se pueda financiar a lo largo del tiempo. ¿Es esto suficiente para lo público? Creo que no.

Los límites del Minimo Producto Viable en lo público.

Hay algunos motivos que complican a esta filosofía en lo público. En mi opinión el principal problema no está en la parte “sustantiva” (minimo producto) sino en la viabilidad. Esto se debe a tres razones.

  • El presupuesto público. Los servicios públicos no se financian por ingresos directos, no se monetizan. Es decir, lo público (salvo excepciones) no tiene su suficiencia por los ingresos que genera su consumo, sino por el presupuesto. Esto es un problema a la hora de hablar de viabilidad, porque algo será viable mientras haya presupuesto, al menos en términos objetivos. Esto hace ya de por si irrelevante el término como elemento distintivo, dado que la viabilidad depende de la voluntad política.
  • Visión integral de la organización pública. Aqui tenemos una segunda cuestión clásica de los debates de la aplicación de lo público a lo pricado. Las organizaciones públicas difícilmente pueden disociar sus servicios de manera aislada. Es decir, un servicio suele afectar a otros que ofrece la misma organización bien sea por el presupuesto, bien porque afectan a aspectos de proximidad. Los servicios sanitarios están afectados, por ejemplo, por la educación alimentaria en los colegios, los comedores, etc.
  • Interés público e impacto social. Y todo ello, ¿por qué? porque aunque los servicios públicos tienen una utilidad definida, afectan al total de la sociedad. Los servicios públicos tienen un público objetivo, pero el público de las administraciones es la sociedad. Hay que entender los servicios como parte de un todo que pretende transformar la sociedad. Por ejemplo, una campaña de vacunación tiene un objetivo como servicio, pero otro para la sociedad en general.

Todos estos aspectos los tratamos de una manera más operativa en el Canvas público.

Como decía, dudo mucho que la viabilidad sea algo que aplique como elemento útil para decidir si seguir adelante con la creación de un servicio. Necesito otro adjetivo que nos sirva para dar cobertura a las especificidades holísticas y organizativas. Y ahí entra la sostenibilidad.

Un nuevo paradigma para el Lean: el Mínimo Servicio Sostenible.

Todo servicio público es viable si tiene suficiente apoyo político y presupuestario: sea este un aeropuerto en un páramo o una plataforma de criptomonedas. Sin embargo, esto no garantiza su conveniencia, como mucho una cierta legitimidad política de origen (si lo deciden responsables públicos) pero no de resultados. En este sentido, utilizar el criterio de sostenibilidad nos da todo lo que necesitamos.

  • Una visión holísitca de la sociedad. En primer lugar la sostenibilidad obliga a tener una visión de la sociedad en su conjunto. Pensar que hacer un servicio no va a impactar en desproveer a determinados sectores de aspectos prioritarios. ¿Tenemos posibilidades de hacer plataformas de servicios para móviles de última generación? Si ¿debemos hacer esto a costa de cuestiones de accesibilidad? No.
  • Perspectiva integral de la organización. Entender la organización como un todo permite definir hasta qué punto la inversión presupuestaria es adecuada conforme a las prioridades sociales. Esto significa que no es lógico eliminar cuestiones relacionadas con la disponibilidad de un servicio en favor de un desarrollo tecnológico nuevo y puntero.
  • Visión estratégica. La sostenibilidad obliga a imprimir de una visión estratégica no sólo para la organización, sino para la sociedad y para el planeta. Esto nos permite asignar un valor neto que justifica la asignación presupuestaria que sustituiría la “viabilidad”
  • Valora el impacto. Una diferencia básica de lo público respecto a lo privado es que lo público tiene, si o si, la obigación de plantearse el impacto en la sociedad y en el mundo, mientras que en lo privado, no es al menos una obligación. Amazon puede cargarse los costes de envío a cambio de infrapagar a sus repartidores, pero la Administración lógicamente no puede mejorar el tratamiento de datos y la IA (por ejemplo) a costa de excluir a sectores infrarrepresentados.

Conclusiones

Es decir, el mínimo producto viable no parece suficiente para tomar decisiones correctas en lo público. Si empezamos a mirar como requisito para aprobar la creación de un servicio público en función de la sostenibilidad en lugar de la viabilidad podremos mantener lo mejor de la tecnología sin desnaturalizar lo público.

Así que proximamente mi idea es utilizar el Canvas para definir las preguntas que nos permitan valorar la sostenibilidad de un servicio público digital, lo que nos facillitará no sólo elegir qué hacer, sino aplicarle la matriz de prioridades para saber dónde empezar.

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