La contratación pública de tecnologías de la información

El post invitado de la semana viene de la mano de Raquel Poncela, funcionaria TIC del estado con una enorme experiencia, precisamente, en contratación de tecnología y de todas las dificultades que aparecen en este campo.

Las Administraciones Públicas, como todas las organizaciones del siglo XXI, necesitan las tecnologías de la información para funcionar. Largo y tendido se habla en este blog de los servicios públicos digitales y de cómo diseñarlos. Sin embargo, no suele hablarse tanto de la contratación pública necesaria para prestar dichos servicios.

La escasez de funcionarios del Cuerpo Superior TIC provoca que la función de tecnologías de la información esté altamente externalizada, por lo que la contratación de tecnologías se convierte en un factor crítico para permitir el funcionamiento de nuestras administraciones.

En el año 2001 accedí a la Administración y en menos de un año ya estaba redactando mi primer contrato. Es una situación habitual en el cuerpo TIC, en el que, en muchas ocasiones, una de las funciones principales que se realiza es gestionar contratos.

Cuadro La lección de Picasso
responsables de contratación estudiando dictámenes de juntas consultivas. Fuente.

Necesidad de recursos

A long-haired woman sitting at a computer desk.

Siempre les he dicho a mis compañeros que lo más importante es una buena planificación de la contratación y, más aún, el cumplimiento de dicha planificación. Cuando algún “fuego” urgente les roba tiempo, les recuerdo: si no contratamos, no tendremos capacidad suficiente para solucionar ni éste ni el resto de fuegos que se produzcan.

Sin contratar no se puede desarrollar ninguna aplicación ni se puede mantener ningún sistema de información.  Sin contratar no tendremos las licencias para que funcionen los servidores ni tendremos el centro de respaldo por si dejan de funcionar.

Aquí sí sabemos si fue antes el huevo o la gallina: el primer requisito para poder prestar servicios tecnológicos es tener la contratación al día.

Ahora que estoy en excedencia y trabajo como autónoma, puedo ver con mayor perspectiva la problemática que existe. En muchos casos acuden a mí administraciones públicas para que les ayude a diseñar su estrategia de contratación y a redactar sus pliegos de tecnologías.

La primera llamada suele ser la misma: estamos desbordados y no tenemos recursos suficientes para poder contratar.

El volumen de trabajo que normalmente tienen los profesionales TIC es muy alto, y más aún la criticidad de los trabajos que realizan, por lo que la gestión del día a día suele impedir la dedicación de tiempo a la contratación.

Capacitación en contratación

Este hecho provoca que, aún cuando los profesionales TIC son brillantes y tienen una capacidad máxima de aprendizaje, no puedan dedicar tiempo suficiente a la contratación, por lo que les falta también capacitación para poder abordar nuevas contrataciones.

Y esta es la segunda situación que se repite: los profesionales no cuentan con conocimientos suficientes para realizar las contrataciones que difieren de las típicas que se realizan habitualmente. La Ley de Contratos del Sector Público es de todo menos sencilla e intuitiva (sic) y la combinación de ésta con la complejidad de las tecnologías hacen un binomio de dificultad elevada.

La evolución tecnológica en los contratos inmovilistas

Adicionalmente, existe una complejidad específica en la contratación de tecnologías. La rapidez en la evolución de las tecnologías de la información obliga a realizar contrataciones que puedan evolucionar en el tiempo. Sin embargo, los contratos públicos son inmovilistas, en el sentido de que los objetos deben ser definidos en el momento de redactar los pliegos.

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Para casar ambas necesidades hay que realizar un ejercicio de creatividad máxima (sirva de ejemplo el concepto de “unidades de trabajo” de los servicios de desarrollo de aplicaciones, inventado por la imposibilidad de predecir con un año antes las funcionalidades exactas que necesitará una aplicación, si aún la normativa no se ha definido en el momento de redacción del contrato).

Vemos, por tanto, que la innovación en la contratación es una constante en los contratos de tecnologías y que siempre es necesario ir buceando entre los artículos de la LCSP para poder contratar los nuevos servicios en base a nuevos modelos (como el pago por uso de servicios en la nube). Probablemente si algún interventor o abogado del Estado está leyendo estas reflexiones estará acordándose de más ejemplos.

En definitiva, faltan recursos para contratar tecnologías de la información y capacitación de estos recursos en contratación pública, en un entorno en el que es necesario diseñar contratos innovadores.

Profesionalizar la contratación de tecnologías

No soy un hada madrina, máxime cuando los grandes problemas no tienen soluciones sencillas. Sin embargo, sí propongo algunas acciones que se pueden realizar para ayudar a paliar la situación en la que nos encontramos.

La primera propuesta es, cómo no, tener más recursos dedicados a contratación de tecnologías. Obvio, ¿no? 😉 Pero vayamos a propuestas factibles.

¿Y si diseñamos un itinerario formativo específico para profesionalizar la contratación pública de tecnologías de la información?

Este itinerario podría tener, entre otros:

  • Comunidad virtual de contratación de tecnologías, como foro para compartir conocimientos.
  • Talleres para grupos reducidos, siguiendo el método del caso (al estilo de las metodologías utilizadas por las escuelas de negocio).
  • Encuentros con periodicidad trimestral para mejora continua, con presentación de ejemplos de pliegos licitados, compartir buenas prácticas; presentación resoluciones de Tribunales Administrativos de recursos contractuales, etc.
  • Curso de la Ley de Contratos del Sector Público, específico del ámbito sectorial de las tecnologías.
  • Diseño de píldoras online, con envío a los miembros de la comunidad de breves reseñas en formato video para compartir novedades importantes de contratación.

Podemos mejorar la problemática derivada de la falta de recursos y la necesidad de capacitación, gracias a la formación continua y a la creación de comunidades virtuales para la compartición de experiencias y conocimientos. Sólo así podremos profesionalizar una tarea crítica para las administraciones públicas.

¿Quién le pone el cascabel al gato?

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