¿qué tienes una idea, dices? No te preocupes, ya se te pasará.
Socialización de la mala

Esta semana el post invitado lo trae, ni más ni menos, que Fermín Cerezo, que, además de ser Jefe del Servicio de Innovación y Gestión del Conocimiento del Ayuntamiento de Valencia, es todo un referente en la cosa formativa, innovadora y de gobierno abierto en general, haciendo imposible hacer una semblanza de tanta cosa sin perder detalle. Además de todo, es compañero de Innovación on Tour, que es un proyecto para visualizar iniciativas innovadoras de cualquier tipo en cualquier administración.

En primer lugar y antes de nada, quiero dar las gracias a mi colega Sergio Jiménez por invitarme a su blog y prestármelo como altavoz para reflexionar de manera informal sobre algunos conceptos relacionados con la innovación que considero clave para el desarrollo de las administraciones públicas españolas. Aprovecho esta oportunidad para, partiendo de algunas anécdotas personales de hace años, exhortar a las administraciones y sus personas sobre la necesidad de poner en la agenda pública la acción innovadora, más allá del mero discurso, y dar algunos consejos a la función política y la función pública para enfocarla. Comparto con humildad lo que he aprendido haciendo durante años.

“¿Que tienes una idea dices? No te preocupes, ya se te pasará.”

Empecemos por la anécdota. En mi trayectoria profesional, he tenido la suerte de crecer, trabajar y sobre todo aprender en casi una decena empresas y organizaciones de distinta naturaleza: los veranos en la tienda familiar, a veces con amigos y amigas como autónomo mientras estudiaba en la Universidad, en un par de empresas privadas y hasta en cuatro administraciones públicas diferentes del ámbito local y universitario. Además, y gracias a la actividad docente mantenida desde del año 2000 en el contexto del Instituto Nacional de Administración Pública así como en excelentes entornos autonómicos similares de aprendizaje, he tenido la suerte de conocer, colaborar, tutorizar y aprender de más de un centenar de proyectos de mejora y cambio impulsados por personas y organizaciones del ámbito público. Sin duda lo que sé hacer se lo debo a las personas con las que me he encontrado en este viaje profesional. Y probablemente también se lo deberé a las personas que me encontraré en el futuro porque al viaje, eso espero, le quedan aún muchas etapas.

Os cuento este lado personal porque a pesar de conocer bien los sistemas organizativos y haber aprendido a identificar rápidamente el alma y las dinámicas de las organizaciones y sus procesos de cambio, cuando en más de una ocasión me han preguntado qué caracteriza a una organización innovadora, no tengo una respuesta inmediata. Solo me viene a la cabeza la imagen formada por aquella respuesta que obtuve cuando por primera vez levanté mi mano en una administración y dije:

“¡Tengo una idea! ¿Cómo podemos desarrollarla en esta organización?

La respuesta ya os la imagináis. Pone título a este preámbulo:

“¿Que tienes una idea dices? No te preocupes, ya se te pasará.

Admito que quedé desconcertado y que probablemente solo el silencio como respuesta podría haber sido peor. Sin embargo, el verdadero problema fue que pasaron los días, los meses e incluso los años y a pesar de intentarlo, no se me pasó.

Tenemos una idea
Fuente: Elaboración propia

Sin duda, uno de los factores más importantes para caracterizar a una organización innovadora es la respuesta que se les da a sus personas cuando éstas se atreven a levantar la mano y decir que tienen una idea. O mejor dicho, en una organización innovadora, las personas saben lo que tienen que hacer cuando tienen una idea.

Ser de verdad una organización innovadora.

Decía Jorge Wagensberg en su muy recomendable obra Teoría de la Creatividad que “una idea es un germen de conocimiento, una comprensión sin pulir, una chispa sin llama”. Poética pura para definir las ideas. No hay duda. Bajo mi mirada y experiencia práctica, esas chispas (en mis equipos de trabajo las llamamos intuiciones) junto con la experimentación y el aprendizaje forman la materia prima más valiosa de la innovación.

¿Qué es una idea? Una idea es un germen de conocimiento, una comprensión sin pulir, una chispa sin llama
Fuente: Extracto de la obra “Teoría de la Creatividad. Jorge Wagensberg. 2017.

Bajemos la reflexión al sector público al que con orgullo decidí pertenecer hace ya años. Ahora que hay un buen colectivo de personas del sector hablando de innovación, podemos caer en la tentación (más adecuado sería hablar de error) de creernos un sector innovador por el mero hecho de hablar y escribir sobre innovación. Lo que se dice es importante y casi previo, sin duda, pero lo que transforma y mejora realmente las organizaciones y las sociedades es lo que se hace, lo que acaba ocurriendo y lo que se aprende y comunica desde la experiencia práctica. Coherencia, lo llaman otras personas, entre lo que se dice y lo que se hace.

Consejo 1.

El primer consejo que comparto es la necesidad de conocer y aclarar organizativa y conceptualmente cuando hay y cuando no hay innovación.

Hay innovación cuando hay personas dispuestas a aportar ideas, desde su experiencia, su creatividad y su talento; y sistemas y modelos organizativos que las recogen, las afinan, las priorizan y las concretan en proyectos; proyectos que a veces conllevan riesgos y exigen recursos pero que también y de forma inequívoca provocan cambios que deben evaluarse siempre en términos de valor público y bienestar colectivo.

Quizá la mejor respuesta a aquella pregunta que se me atraganta sería la siguiente afirmación:

Las organizaciones públicas innovadoras tienen inoculada en su ADN y su cultura la mirada que les permite viajar una y otra vez desde las ideas hasta el valor público no solo generado sino también comunicado y devuelto a la sociedad.

Este sentido cíclico y de itinerancia es el que realmente inspira el viaje de las ideas. Sí, las ideas viajan desde nuestras intuiciones conectadas y enriquecidas hasta el valor público que generamos. Y nosotros con ellas.

De joven, en mis años de letras en el instituto público, empecé a amar la poesía leyendo y analizando la poética de Kavafis que me recomendó una buena profesora de literatura dado mi interés por la materia. El estudio de Kavafis me trasladó atrás y adelante en el tiempo. Hacia atrás me conectó con Charles Baudelaire y su inmensa obra Las flores del mal y hacia delante, con el universo poético de Lorca. Lorca me llevo a todos los demás. Os comento todo esto, porque le debo mucho al poeta griego y en su honor diré aquí que explica mucho mejor que yo el siguiente de los consejos sobre innovación que quiero compartir. Kavafis, en su famoso poema Ítaca, nos habla sobre la importancia de disfrutar el camino, cualquier camino, y no sólo desear alcanzar el objetivo, añorar la llegada a Ítaca. Como veis sirve para la vida misma.

“ …
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.”

Fuente: C. P. Cavafis. Antología poética. Alianza Editorial, Madrid 1999

Consejo 2

El viaje de las ideas y su proceso innovador asociado es en sí mismo un viaje de innovación, aprendizaje y conocimiento que enriquece a las propias personas, a los equipos y a las organizaciones. Aprender a innovar, innovando. Asegurémonos que el equipo de personas disfruta del viaje de la idea y que los aprendizajes y las nuevas ideas que surjan se recogen y se guardan. Será esa nuestra particular Ítaca pública e innovadora.

Esbocemos el tercer consejo innovador. Las personas son clave en la innovación. Sin ellas, simplemente no hay innovación. Ahí no hay discusión posible. Sin embargo, las organizaciones públicas deben estar preparadas para que esa innovación surja, se aliente, se canalice, se incentive y se potencie. Sus responsables políticos y técnicos en las esferas directivas tienen la obligación de construir el discurso, las herramientas y las vías que faciliten el camino al equipo innovador. Dirigir es servir a los demás. No lo olvidemos. Evitemos que innovar se convierta en una lucha contra los elementos porque si es así, sólo se innovará una vez en el mejor de los casos. No estamos hablando de crear un plan para innovar. Eso sería un error. Tan solo nos referimos a la necesidad de tener esbozado un modelo o forma de hacer innovación para que las personas innovadoras no se encuentren solas y con la necesidad de crearlo y averiguarlo todo desde cero.

Consejo 3

Las organizaciones públicas que potencian la innovación tienen o trabajan, aunque sea de forma embrionaria o a medio hacer, en un discurso y un modelo de innovación sobre cuatro pilares:

  • Una dirección para la innovación que permita alinearla con los retos estratégicos sobre los que actuar.
  • Un claro objetivo de crear cultura innovadora más que innovar una sola vez.
  • Un proceso innovador definido, una forma de hacer clara, sobre el que formar a las personas.
  • Una cultura de evaluación también de la propia innovación pública.

En definitiva y resumiendo, mis consejos son:

  1. Saber qué es innovar. Estudiar y conocer de qué hablamos cuando decimos innovación.
  2. Disfrutar del proceso de innovación porque, bien hecho, es tan valioso como la propia innovación.
  3. Transformar gradualmente la organización incorporando modelos y herramientas  para que innovar no sea una anécdota llena de heroísmo sino un rasgo cultural de la misma.

En próximas fechas, me comprometo a describir con mayor profundidad el viaje de las ideas y a publicar en foros de innovación pública tanto el detalle de sus etapas como el modelo de innovación pública (Modelo MIMOS) que le da soporte incluyendo las herramientas que lo acompañan. En la actualidad, estamos “pivotando” desde distintas administraciones públicas sobre el propio modelo y sus herramientas a través del desarrollo de distintos proyectos de innovación. Podremos aportar experiencia de aciertos y fracasos y sobre todo, experiencia de aprendizaje público y abierto.

¿A qué esperamos? No hay excusas.

Me despido ya con esta última reflexión. Bajo mi humilde experiencia, hay mucho talento en ese otro sector público del que sí sentimos orgullo. Ese talento procede de personas que tienen los mismos síntomas que yo he confesado en este artículo y que tú, que me lees, probablemente también tengas: “si tienes una idea y crees que algo puede funcionar mejor, no se te va a pasar por mucho que esperes.” Nuestra responsabilidad es permitir y crear sistemas y canales para que las personas innovadoras afloren y actúen como palanca de transformación. No hacerlo es renunciar a nosotras y nosotros mismos.

Hace años, en el ámbito del INAP conocí a una servidora pública con mirada innovadora de la que aprendí entre muchas otras cosas la siguiente cita:

“El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. El segundo mejor momento es ahora mismo”

Proverbio Chino

Yo os diría lo mismo:

No esperéis a tenerlo todo planificado. Nunca ocurre y si ocurriera, no funciona o ya es tarde. Elevad la mirada, conectad con las personas innovadoras de vuestra organización y más allá de ella, observad, hablad, cuestionad, experimentad y aprended. Dicho de otra forma, viajad con las ideas y dejad que el viaje os apasione.

Fermín Cerezo Peco

@FerminCerezo

Jefe del Servicio de Innovación

Delegación de Innovación y Gestión del Conocimiento

Ajuntament de València

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